Al hacer el curso de diez días de meditación Vipassana, donde aprendes la técnica surgida en la India y escuchas los discursos de Goenka, con historias desarrolladas allí, es como empezar el viaje.
Suele ser sugerida y recomendada por gente cercana que te quiere, personas que lo han vivido y quieren compartir algo bonito contigo. He de admitir que al principio, desde el prisma de que nadie da cosas sin esperar nada a cambio, choca el hecho de que puedas estar recibiendo algo tan grande de manera desinteresada, sin que te suene a algo sectario.
Pero por eso mismo, se pone especial hincapié de que no se trata de nada religioso, que lo que allí se enseña, lo aceptes, rechaces o rebatas desde tu propia experiencia y que eres libre de irte cuando quieras. Cuando me hablaron por primera vez de la meditación Vipassana, no dieron muchos detalles. Después de haberlo experimentado en primera persona, entiendo y agradezco que así fuera. Dejando lugar a la sorpresa y al descubrimiento.
Para comenzar, has de comprometerte a seguir cinco
preceptos:
- No hablar
- No matar
- No robar
- No mentir
- No tomar intoxicantes
Hacerte una promesa de superación pase lo que pase. Desde el
primer día encuentras excusas para irte; echo de menos lo que hay fuera,
madrugar no es para mí, me duele todo… pero si te quedas y cada vez das un poco
más de ti, compruebas que día a día, con sus altos y sus bajos, hay progresos.
Sola con tus pensamientos, con tus cuentas pendientes, sin música, sin lectura
y sin conversación que te distraiga. Si estás dispuesta y preparada a empezar a
cerrar esos asuntos, esos diez días serán la oportunidad perfecta, pues no has
de preocuparte de nada más.
Comes rico y sano, meditas y vives una experiencia profunda mental y física contigo misma, desde luego una buena manera de conocerse. Durante ese tiempo, aprendes la técnica a desarrollar durante toda la vida, en teoría debes dedicarle una hora por la mañana y una por la tarde, cosa que no es tan fácil con el ritmo de vida que llevamos hoy en día, pero que cuando te lo permites afrontas el día a día con otro talante.
Comes rico y sano, meditas y vives una experiencia profunda mental y física contigo misma, desde luego una buena manera de conocerse. Durante ese tiempo, aprendes la técnica a desarrollar durante toda la vida, en teoría debes dedicarle una hora por la mañana y una por la tarde, cosa que no es tan fácil con el ritmo de vida que llevamos hoy en día, pero que cuando te lo permites afrontas el día a día con otro talante.
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